La casa del terror
Izabella St. James, pareja de Hugh durante dos años, también escribió un libro titulado “Bunny Tales: Behind Closed Doors at the Playboy Mansion”, publicado en 2006. En él explicaba que las “conejitas”recibían como propina 1.000 dólares del propio Hefner todos los viernes. “Teníamos que ir a su habitación y esperar mientras él recogía la caca del perro de la alfombra para que nos diera nuestro dinero”, escribió. Además, contó que todas odiaban ese proceso, porque “siempre aprovechaba la ocasión para sacarte en cara algo malo de tu relación con él”.

No todo era fastuosidad, ni mucho menos diversión: muchas pagaron el precio de ser conejitas Playboy.

Durante décadas, Hugh Hefner alimentó la leyenda de una mansión Playboy de ensueño donde él vivía con mujeres que siempre estaban felices y andaban de fiesta. Hasta se hizo una película: “La casa de las conejitas”.

Pero quienes vivieron con él y que fueron tan famosas como él (Bridget Marquardt, Holly Madison y Kendra Wilkinson), no tienen esta misma vivencia. Eso, a pesar de que accedieron a vivir con Hefner por todos los lujos y fama que les ofrecía. Y estos son algunos testimonios

En sus memorias, llamadas “Down the Rabbit Hole: Curious Adventures and Cautionary Tales of a Former Playboy Bunny”, la conejita favorita de Hugh describió que solo conoció a Hugh Hefner cuando tenía 20 años. Holly quiso solucionar su vida siendo una de sus novias. Creía que no se acostaría con él. Tenía que acostarse con Hefner para vivir ahí. Y, de regreso a casa, se ponían pijamas de franela, fumaban marihuana y recreaban escenas de sexo lésbico mientras Hefner se masturbaba. Hefner también le ofreció drogas cuando salieron por primera vez. Las controlaba en todo: con quienes hablaban, cómo se veían y cómo se vestían. No podían cortarse el cabello o usar labial rojo. “Nunca vuelvas a usar lápiz labial rojo, me advirtió en voz baja y caminó hacia la puerta. Paró y se dio vuelta para ver mi reacción. Decidiendo que no me había hecho suficiente daño, me hizo otro comentario antes de salir de la habitación: ‘Te ves vieja, dura y barata’”, escribió Holly .

Tampoco podían salir más allá de las 9 p.m. ni que hablaran con los empleados de la mansión.

“Hef era un manipulador que nos ponía a unas en contra de otras. No nos trataba bien. Por eso decidí irme”, afirmó Holly. Hugh Hefner trató de que no se fuera, poniéndola en su testamento, pero ella ya no quería el dinero. Sufrió de depresión y pensó en suicidarse gracias a los abusos emocionales de Hefner.

A Hef le encanta rodearse de gente que le dice que ‘sí’ a todo. Y realmente tiene muchos amigos a los que trata muy bien. Existe una cierta cultura en la que todo el mundo habla de él como si fuera el hombre más genial del mundo. Esa era la fachada y la personalidad de la que me enamoré durante mucho tiempo. Y te da un poco de miedo decir ciertas cosas porque te hacen sentir como si estuvieras loca”, afirma.

Kendra Wilkinson afirmó que solo podía acostarse con Hugh Hefner si estaba drogada o alcoholizada. Esto lo hizo en el reality británico “I’m a Celebrity, Get Me Out of Here!”. Tampoco sabía que para ser novia de Hefner debía acostarse con él. Este era 60 años mayor que ella, que entró a la mansión a los 18. Su primera experiencia con él fue con otras mujeres y solo tuvo sexo con él por un minuto. También afirmó que todas las novias del fallecido magnate eran vigiladas y tenían mil dólares a la semana para sus gastos. Vivió en la mansión por cinco años y salió de ahí, hasta que le fue infiel a Hefner con Hank Baskett.

Por supuesto, Heffner también fue abusivo con ella: “Una noche estábamos todos en la limusina hacia un evento de firmas de un libro con Hef cuando él se acercó a mí. ‘¿Está todo bien?’, me preguntó. ‘Me siento gorda, Hef’, le dije. ‘Todos son tan lindas. Me hace muy insegura’. ‘Bueno, te ves un poco más grande’, me dijo honestamente. ‘Quizás puedas ir al gimnasio’. Cuando llegué a la casa, fui a mi pieza y lloré hasta dormirme”, aseguró ella en sus memorias.

Conejitas maltratadas

Gloria Steinem hizo un artículo de incógnito en los años 60, que se llamó “A Bunny’s Tale”. La activista feminista afirma que estas chicas no tenían educación, tenían horarios abusivos y pago ridículo. “Creo que Hugh Hefner quiere pasar a la historia como una persona llena de glamour y sofisticación. Pero yo jamás querría pasar a la historia siendo él”, decía Gloria, para terminar con una frase contundente: “Una mujer leyendo Playboy es lo mismo que un judío leyendo un manual nazi”

Ella cuenta que atravesaba problemas económicos serios, y que aceptó vivir en la casa pues conocidos le aseguraron que Hefner no tenía sexo con sus invitados. Sin embargo, fue el mayor error de su vida. “De regreso a casa, las chicas se ponían pijamas de franela, fumaban marihuana, veían pornografía y recreaban escenas de sexo lésbico mientras Hefner se masturbaba”, indicó en el libro que se convirtió en bestseller

Pronto descubrió que el sexo con Hefner era una de las condiciones para poder vivir ahí, y reveló que la primera noche que salieron juntos, el dueño de Playboy le ofreció droga mientras le decía que “en los 70 solían llamar a estas pastillas ‘abre muslos’”.

Los escabrosos detalles indican que el millonario era realmente celoso, y que controlaba al extremo a todas las chicas, a tal punto de no dejarlas hablar con el personal de la mansión.